Existen muchas razones, pero básicamente estas naciones y sus 25 millones de habitantes ocupan los primeros puestos en materia de innovación y competitividad y esto es consecuencia de un fuerte desarrollo institucional con gobiernos transparentes, bajísima corrupción, fuerte inversión en investigación y altos impuestos que se devuelven a toda la población con educación, protección a la familia, salud gratuita de alta calidad y subsidios a la vivienda para los ciudadanos de menores ingresos.
Hay un sentir general de que la sociedad debe basarse en un reparto equitativo. Este es el modo en el que Noruega y otros países nórdicos resolvieron el conflicto sustantivo que surgió entre capital y mano de obra al principio del siglo pasado. Hoy en día esta equidad está edificada sobre fundamentos tales como los convenios colectivos para los trabajadores y las instituciones estatales de arbitraje.
La política desempeña un papel fundamental en este ‘bienestar escandinavo’. Se ha instaurado una confianza entre el pueblo y los dirigentes del país. Esta confianza se refleja en la total transparencia de los gastos públicos de los ministros y las autoridades locales. Cuando estallan escándalos políticos, los responsables dimiten inmediatamente. Este fue el caso en el ‘asunto Toblerone‘ en Suecia, cuando una ministra tuvo la mala idea de comprar chocolate Toblerone con una tarjeta de crédito del gobierno.
Los escandinavos han logrado poner en marcha un círculo virtuoso: el trabajo produce riqueza, la riqueza se invierte en formación y da trabajo. El economista Pierre Reman, de la Universidad Católica de Lovaina, señala como posibles causas el elevado índice de sindicalización, la política salarial —definida por la concertación entre patronales y sindicatos— y, sobre todo, el estado del bienestar activo, en el que el parado se moviliza cada vez que es necesario. La clave es la adaptación.
Existen numerosas ayudas oficiales para las familias con hijos, y son especialmente importantes las ayudas a las mujeres. Dichas ayudas sociales aseguran que los hijos nunca sufran dificultades económicas que no aseguren una igualdad de oportunidades entre todos los niños y niñas.
En Noruega las mujeres suponen casi la mitad de los trabajadores (47%), tienen menos paro y hay más universitarias que universitarios desde 1993. En general, los empresarios aceptan que los padres deben salir a su hora. La semana estándar es de 37,5 horas. Las vacaciones, cinco semanas al año. Tienen 20 días de baja sin justificar por enfermedad de los hijos y su ratio de productividad pulveriza las estadísticas.
(Extraído de http://jesusgonzalezfonseca.blogspot.com/2011/03/el-modelo-escandinavo-de-bienestar.html)
Una española que vive en Oslo nos lo corrobora:
Claro, que luego uno ve las medidas adoptadas por este gobierno, aplaudidas en Europa porque responden a lo que pedían, y se queda asustado: ¿a dónde vamos con esta Europa? ¿Cómo nos pueden hacer creer que son necesarias y que no hay otra forma de salir de la crisis?
Otra Europa es posible, otra España es posible, sólo hacen falta políticos honrados y con imaginación, y que se atrevan a plantarle cara al capital.
Un saludo,
Félix